viernes, 3 de agosto de 2007

Por Laura Crespi

Días de besos, (fragmentos)
La internacional argentina, 2006.


Para no mirar en los estantes despojados, la presencia se dilata en los cristales y en el agua que da vueltas. Las burbujas se transforman en millares de partículas hundidas, en nubes lenticulares. Algo opaca el zumbido de las horas, una huida en el puro deslizarse sobre las pequeñas venas que se transparentan en los párpados.



Cuando juntos recibíamos la tarde. En días de besos, que se aproximan y se olvidan.



La mañana ahora se espesa y la claridad se derrama sobre la habitación gris. Salimos a caminar por el recinto con la forma de un paseo. En el medio del jardín había una fuente cubierta con flores rojas. Atravesamos los arcos, iluminados por una luz hialina.



Nos tomamos un avión en vacaciones. Yo pensaba que la reflexión era eso que rodeaba la inquietud, o la pintura de las pistas en una planicie incierta y muda.



Y lo que sigue es la concentración de unos instantes. En el cuerpo sólo se perciben esas pequeñas verdades, sus prolongaciones en una ola verde que se filtra entre los dos, viajando, compartiendo todo lo que queda simultáneamente en un silencio.


Bordeando el polígono recorro avenidas húmedas y frías buscando algún kiosco abierto. Ya el día anterior había caminado por esos mismos lugares, confundida entre los edificios y las plazas, donde todo permitía diluirse y olvidarse.



Me paso las manos por la cara hundiendo los dedos en los ojos hasta ver puntos dorados y rojos. En el espejo se transparentan los colores de la piel. Cierro el libro y pienso en ese regalo que una vez le hicimos a septiembre.



Varios meses deshicieron en un nudo algo central que dejaba de lado todos los detalles. Pasan días como años. La autopista estaba cerca y descubriste que una vez allí todo se despejaba hasta llegar a conducir las curvas.



El recuerdo convoca en los bordes de la piel los veranos más largos de la historia.



Una noche fuimos lejos con el auto. Lo detuvimos en una ruta inhóspita y oscura frente a la zona industrial de la provincia. Se escuchaba el ruido de chimeneas enormes y del otro lado el mar. Comenzamos a movernos y me preguntaste si tenía miedo. Nos amamos con violencia y luego nos dormimos. Sin saber del tiempo transcurrido algo áspero rozó mi pierna y desperté aterrada en medio de la oscuridad. Al llegar a la posada nos bañamos y mojados nos metimos en la cama. Hasta el amanecer prolongaron los besos unos sueños confundidos.

1 comentario:

francisco dijo...

me gustaron mucho los poemas y la página está muy buena. muchas gracias.
Pablo